20 de enero de 2012

Medianoche en París (W. Allen)

[Medianoche en París, 2011, Woody Allen]

Me atrevo a decir que es muy difícil que directores con casi 50 films a sus espaldas no tengan uno o dos bodrios absolutos (o más, claro) entre ellas*. Me da la impresión de que Woody Allen es una excepción. Tiene, por supuesto, muchas películas olvidables. Flojas, intrascendentes, pero no directamente malas. Pero todas acaban dejándome en el cuerpo ni que sea un mínimo de sensación positiva. Las más serias producen cierta pesadumbre, las más cómicas producen una sonrisa. No es nada concreto, quizás simplemente entreveo tras sus imágenes a ese pequeño judío de Nueva York que es uno de los máximos enamorados del cine, aunque hace tiempo que haya dejado de saber expresarlo.

“Medianoche en París” tiene algo insoportable, y es su función de película-postal (Carla Bruni incluida). Lo mismo que con "Vicky Cristina Barcelona", aunque por suerte, aquí Woody se traslada a los años 20 para hacer su promoción turística de París, consiguiendo un aire más retro, atemporal y nostálgico. Sin embargo, sigue pareciéndome muy cutre y barato que Woody nos meta en la cabeza a martillazos su supuesto amor hacia París (antes fue Barcelona y ahora vendrá Roma...) a través de un protagonista que no hace más que decir: ¡Oh, qué bonito es París! ¡Me encantaría vivir en París! El "mensaje" es artificial y forzado, con decorados acartonados e imágenes de la ciudad que transmiten falsedad.


Pero también me parece sonrojante el continuo desfilar de personajes que pretenden ayudar a construir el look del París de principios del XX soltando cuatro frases anecdóticas y que terminan resultando ridículos y cansinos. Me vino a la cabeza una de esas obrillas teatrales para estudiantes de secundaria que tratan de definir en cuatro pinceladas una época o lugar pasados. Entiendo que se prescinda de rigor histórico, pero esto para mí no es un homenaje.


¿Qué puedo rescatar entonces de la película? Además del mencionado truco del "viaje al pasado", que es efectivo, diría que su salvador es Owen Wilson, su aire inocente y bobalicón, que cae simpático y hace que nos tomemos el visionado con un poco más de buen humor. Por otro lado, el montaje de las elipsis día-noche es hábil y ligero; Woody siempre ha tenido mucha mano para eso, así como para cuadrar bien la duración de sus películas en 90 minutos.


Puntuación: 2,5 / 5

Lo mejor: lo poco en serio que Woody Allen se toma a sí mismo, a estas alturas de su carrera.

Lo peor: el tono de impostura, de folletín, de maniquí, tanto a nivel "turístico" como "histórico".

*PS. A decir verdad, “Vicky Cristina Barcelona”, empezando por su horrendo título, es la máxima candidata a ser ese bodrio, pero como la tengo algo borrosa voy a hacer la vista gorda.

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