17 de junio de 2012
El sol en la red (Štefan Uher)
12 de junio de 2012
El interrogatorio (Ryszard Bugajski)
22 de mayo de 2012
El tema (G. Panfílov)
27 de abril de 2012
Happy people (Dmitri Vasyukov & Werner Herzog)
30 de marzo de 2012
Elena (Andrei Zvyagintsev)
[Elena, 2011, Andrei Zvyagintsev]
Como persona conocedora y sumamente interesada en la Rusia actual, llevo mucho tiempo esperando la película perfecta que enseñe cómo es esta apasionante parte del mundo. De entrada, a la mayoría de filmes rusos es bastante difícil acceder, y tienen una distribución limitadísima. Pero por otro lado, demasiados cineastas, incluso los premiados en festivales, tienen una reiterativa tendencia (no siempre en cuanto a formas, pero definitivamente sí en cuanto a fondo) al melodrama barato, afectado y sensiblero. Directores de moda como Aleksei Popogrebsky (ganador del Oso de Plata en Berlín con “Cómo he pasado este verano” [Kak ya provyol etim letom]) o Aleksei Balabanov hacen películas teatreras, exageradas y tremendistas, y con un punto de efectismo gracias al que consiguen venderse bien. Andrei Zvyagintsev, pese a sus esfuerzos y a estar un poco por encima, tampoco consigue escapar del pantano cinematográfico ruso. “El retorno” [Vozvraschenie](2003), su aclamado debut y ganador de varios premios (como el León de Oro en Venecia, el Nika y el Águila de Oro – los principales premios rusos – a mejor película), sedujo a un gran sector de público y crítica y seguramente lo convirtió en el director ruso más comercial desde Nikita Mijalkov. Reapareció tres años después con “El destierro” [Izgnanie], que pasó más desapercibida, y ahora en Polonia y tres o cuatro países más se estrena su tercera obra.
Elena es una mujer madura casada con Vladímir, un hombre muy rico e insensible, con el que vive en una casa espectacular. A ella no le falta nada, pero su hijo de una relación previa, Sergei, está en una precaria situación económica, con esposa, un hijo adolescente y un bebé. Regularmente Elena va a visitarlos a su piso, en uno de los miles de bloques que se extienden por las quilométricas afueras de Moscú, y les da dinero desafiando la ira de su marido, que los desprecia. Vladímir tiene también una hija, Katia, con la que no se habla, pero cuando comienza a padecer seriamente de la salud, planea hacer testamento y dejárselo prácticamente todo a ella.
En “Elena”, como en las anteriores películas de Zvyagintsev y como tanto les gusta a los rusos, hay fundamentalmente relaciones familiares tormentosas. Padres que no se hablan con sus hijas, mujeres casadas en segundas nupcias con hombre millonarios y familias pobres con maridos vagos e inútiles, esposas sufridoras e hijos adolescentes que se meten en peleas callejeras. Aquí la película hace aguas y en buena parte vuelve a ser, una vez más, artificial y culebronesca. En particular, la escena entre Vladímir y Katia, digna de la telenovela más mediocre, con unas actuaciones muy pobres (especialmente la de ella) y unos diálogos planos. Nadezhda Markina como Elena, en un papel de protagonista claramente concebido para ser el centro del filme, está notablemente mejor, pero todas sus escenas con Vladímir y en general todas las que tienen lugar en la casa y en los ambientes acomodados del matrimonio tienen un aire bastante impostado. En este sentido no ayuda la fotografía, esta fotografía tan típica que tanto se usa ahora, limpia, brillante, fría, en tonos azulados, pero muerta, aburrida, demasiado perfecta.
Pero si “Elena” es la mejor película de Zvyagintsev es por el contenido social, más bien referencias, que incorpora sin aspavientos y en la medida justa. Las mejores secuencias de la película, justo en las que suenan los compases de la poderosa banda sonora (a cargo de Philip Glass), son aquellas en las que Elena se adentra en los suburbios moscovitas, primero en tranvía, luego en tren, luego a pie por los descampados (contrapuestas a la secuencia de Vladímir yendo al gimnasio en su Audi). Es una verdadera lástima que no se detenga más en mostrar este ambiente tan real y tan actual, tan naturalmente ruso; y que en cambio se recree en tantos planos fijos del vacuo chalé de Vladímir. También los personajes de Sergei y su familia son los más auténticos, a años luz de Katia, y exponen situaciones, preocupaciones y problemas verdaderos. El otro aspecto positivo de la película es que logra ir un poco más allá del dramatismo puramente sentimentalista y consigue otorgar algo más de profundidad y sobriedad a algunos personajes. Particularmente, Elena y su nuera, que encarnan con gran acierto a mujeres silenciosas, sufridoras, despreciadas, pero para quienes sus hijos lo significan todo.
“Elena” es el más reflexivo y maduro de los filmes de Zvyagintsev, a cuyos seguidores seguro que gustará, pero sigue siendo una de esas películas de plástico, hechas demasiado cerebralmente y menos con el estómago y las vísceras, algo de lo que necesita profundamente el cine rusо.
Puntuación: 3 / 5
24 de marzo de 2012
Fausto (Aleksandr Sokurov)
[Faust, 2011, Aleksandr Sokurov]
Hitler, Lenin y el emperador Hiro-Hito fueron los personajes centrales de tres películas de Aleksandr Sokurov (“Moloj", “Taurus" y “El Sol”, quizá las más conocidas por el público junto con "El arca rusa”, su particular revisión de la historia de su país en un único plano secuencia). Ya resultaba ambicioso realizar un filme acerca de estas figuras, tan controvertidas como complejas, y basarse en una de las mayores obras de la literatura universal para cerrar una tetralogía sobre la naturaleza del poder dice mucho de la ambiciosa personalidad de Sokurov, uno de los cineastas más únicos e inimitables del panorama actual.
Bella y poética en sus imágenes, espléndidas, encierra sin embargo fealdad y oscuridad bajo ellas. El Diablo, naturalmente, es el primer exponente de esa vileza y suciedad. A diferencia de otras adaptaciones en que se lo caracteriza como un noble apuesto, aquí es un viejo prestamista grotesco y repugnante. La muerte como símbolo de lo más doloroso y fatigoso a lo que se enfrenta el ser humano está presente a lo largo de todo el film, desde la magnífica secuencia inicial en que la cámara desciende de los cielos hasta la miserable ciudad terrenal donde acaba encuadrando a un cadáver en descomposición que el doctor Fausto disecciona. En el otro extremo está Margarita, una criatura angelical, de cuento de hadas, encarnando la inocencia y la pureza.
En un inusual formato 1:37, “Fausto" está adornada por una estupenda dirección de arte y una fotografía mágica, de acuarela. Inspirado en paisajistas ingleses y alemanes, Sokurov realiza una minuciosa y realista reconstrucción histórica de una villa alemana de principios del siglo XIX. El cineasta ruso sigue evidenciando la estrecha conexión que tiene su cine con la pintura; sin embargo, esta película tiene menos poética y estética que otras de Sokurov, y mucha más narrativa y diálogo. "Fausto", flamante ganadora del último León de Oro, es una película delirante, grandilocuente, atrevida. Y por cierto, de las más entretenidas, incluso divertidas, de su director (aunque parezca un oxímoron), y de las más fáciles de ver, sin abandonar la profunda carga espiritual y en análisis de la esencia humana que son habituales en él.
Puntuación: 4 / 5
Lo mejor: una película fantástica para quien todavía le tenga miedo a Sokurov.
Lo peor: en algunos momentos se pierde y divaga demasiado.


































