[3:10 to Yuma, 1957, Delmer Daves]
Buen Western, en mayúsculas, de los que siendo poco espectaculares en su puesta en escena transmiten una gran sobriedad, madurez y una cierta melancolía. Los culpables, los actores: Glenn Ford como el pistolero criminal que ha de ser llevado a prisión en el tren de las 3:10, y Van Heflin como el granjero que lo escoltará hasta él para cobrar la recompensa.


Narrativamente bien construida (si acaso, al personaje de la mujer de Van Heflin, aunque necesario, le sobran sus minutos hacia el final), sin ninguna sorpresa de guión ni grandes tiroteos ni escenas de acción mantiene bien el suspense, regido en todo momento por el duelo de miradas (más que de diálogos) y la presencia en pantalla de Ford y Van Heflin. Delmer Daves a la batuta cumple más que sobradamente y nos regala un estilo visual poco común en los westerns cincuenteros.
Solamente el final, que no desvelo, resulta un poco decepcionante, y no cumple las expectativas que los minutos finales prometen, a medida que se acercan las 3:10 y el tren a la estación. Pero la película se paladea con gran placer y desprende un agradable sabor a Western a caballo entre el género más clásico y el más moderno y crepuscular que habría de venir en los 60 y posteriormente.
Puntuación: 3 / 5
Lo mejor: Glenn Ford, y en especial, su romance fugaz con Felicia Farr al principio de la película. Escena espléndida, maravillosamente intensa, triste, dulce y erótica al mismo tiempo.
Lo peor: El mencionado final
Buen Western, en mayúsculas, de los que siendo poco espectaculares en su puesta en escena transmiten una gran sobriedad, madurez y una cierta melancolía. Los culpables, los actores: Glenn Ford como el pistolero criminal que ha de ser llevado a prisión en el tren de las 3:10, y Van Heflin como el granjero que lo escoltará hasta él para cobrar la recompensa.


Narrativamente bien construida (si acaso, al personaje de la mujer de Van Heflin, aunque necesario, le sobran sus minutos hacia el final), sin ninguna sorpresa de guión ni grandes tiroteos ni escenas de acción mantiene bien el suspense, regido en todo momento por el duelo de miradas (más que de diálogos) y la presencia en pantalla de Ford y Van Heflin. Delmer Daves a la batuta cumple más que sobradamente y nos regala un estilo visual poco común en los westerns cincuenteros.
Solamente el final, que no desvelo, resulta un poco decepcionante, y no cumple las expectativas que los minutos finales prometen, a medida que se acercan las 3:10 y el tren a la estación. Pero la película se paladea con gran placer y desprende un agradable sabor a Western a caballo entre el género más clásico y el más moderno y crepuscular que habría de venir en los 60 y posteriormente.
Puntuación: 3 / 5
Lo mejor: Glenn Ford, y en especial, su romance fugaz con Felicia Farr al principio de la película. Escena espléndida, maravillosamente intensa, triste, dulce y erótica al mismo tiempo.
Lo peor: El mencionado final

